domingo, 10 de abril de 2011

Un Día como hoy



Aquel día estaba en mi alcoba, como todos los días observaba el mismo azul añejo de mis paredes junto aquellos garabatos que hice un día cualquiera mientras no tenia en que invertir mi tiempo. El techo raido con algunas estrellas falsas que un día obligue a mi hermano pegar allí; justo sobre mis ojos así podía fingir que todas la noches las estrellas acompañaban mis sueños, y secretamente creía en aquella vez que mi nana me dijo que no importa qué tipo de estrella sea si pido mi deseo con fe este se cumpliría.

En la pared del frente estaba aquel corazón que pinte con unas temperas que me sobraron del trabajo de arte. Un pequeño gorgoteo se me escapo algo así como una risa perezosa con un poco de melancolía. Era un corazón rojo, rojo sangre y en su centro estaba la letra ‘R’ entrelazada con la ‘S’ en blanco.

Sonreí. Y entonces rememore un episodio del pasado.

ÉL. Estaba allí sentado en la mesa del rincón con un vaso de ponche en su mano, sus pantalones agujereados, junto a unos sencillos tenis negros y una camisa del mismo color que abrazaba todo su torso y rígidos brazos. Todas las chicas en aquella fiesta notaban su existencia y en secreto era el tema de la noche. Por supuesto cuando se tienen quince años la palabra ‘secreto’ no significa lo mismo.

¿Quién era el chico?

¿Quién lo invito?

¿Alguien lo conoce?

Eran las preguntas que todas se hacían, por supuesto yo era una de ellas.
Su gallarda presencia entre hormonales jovencitas, era imposible que pasara desapercibido. Tal vez era su expresión presumida con su actitud de galán que lo hacía más increíble aun. Era obvio que él sabía que era lo más apetecible de esa noche…. Y de las siguientes.

Posterior a ese día el ya era chisme viejo.

¿Quién era el chico? El chico era nieto de una antigua maestra de instituto

¿Quién lo invito? según los rumores el no necesita invitación; el llega si le apetece, este en la lista o no.

¿Alguien lo conocía? No, nadie lo conocía excepto algunos profesores que preguntaban sobre su pariente no sabía más de él.

A pocas personas les interesaba porque justo días después tuvo fin el noviazgo de una de las relaciones más largas de toda la secundaria. Había tenido fin en la cafetería en un dramático espectáculo donde el chico salió perdiendo por simplemente no controlar el alcohol y no distinguir entre su novia y la mejor amiga de esta que es una zorra, pero eso ya es otra historia.

Yo continúe mi curso como todos hasta aquella noche que cambio mi adolescencia.
Mi padre llego un día preocupado, esa noche vendría a cenar un importante cliente de mi padre junto a su pequeño hijo y su esposa, un perfecto matrimonio vendría a criticar cada recóndito lugar de mi casa. Pero no importaba lo mucho que a mí me incomodaba ya que esto era importante para mi padre y mi hermano estaba teniendo un ataque de madurez así que yo no sería la inmadura aquí.

Ese día pulí la cerámica, limpie las ventanas, cambie los muebles y cocine una deliciosa cena.

A un cuarto para las ocho me bañe, me vestí con una sencilla falda recta caqui, una camisa blanca manga tres cuarto, y mis zapatillas. Recogí mi cabello en una cola alta, y aplique perfume en los lugares propicios. Le hice un guiño a mi imagen del espejo. Y cuando sacudía el polvo inexistente de mi ropa escuche la puerta de entrada ser abierta, seguida por la risa de mi padre acompañada por algunas desconocidas.

Ya llegaron.

Con un último respiro, salí de mí habitación recorrí el camino de mi habitación a la sala de visita y extendí mi sonrisa marca registrada: Sabrina.

Mi hermano ya estaba allí junto a mi padre dando la bienvenida a un señor de contextura normal cabello negro y sonrisa amable y una señora rubia que sonreía encantada con cualquier cosa que mi padre les contaba. Y su mano estaba apoyada en el hombro de un chico que yo conocía. Que no era un niño. Que su presencia me persiguió por tres meses.

Y sus ojos verdes se encontraron con mis ojos café. Y más nada en esa habitación tuvo sentido para mí. Solo sus ojos felinos abarcaban mi espacio y el lento asentimiento que me hizo y que yo no devolví. Estaba pasmada. Hechizada.

Un día le pregunte si a él le ocurrió lo mismo y el solo sonrió quito el cabello de mi rostro y me miro de nuevo fijamente igual que aquel día.

Luego de ese momento mi papa me trajo a la realidad con una orgullosa presentación, la cena transcurrió como el pasar de una estrella fugaz, rápida y cegadora.
El estaba sentado a mi lado en algunas ocasiones nuestros hombros rozaron yo lo mire nerviosa y el solo me miraba sin pestañear diciendo mil cosas pero a la vez nada justo como es el. Nunca fue de muchas palabras. El no las necesitaba.

De esta manera hubieron muchas más cenas. A veces el me preguntaba cómo estaba y yo le respondía bien y algunas veces era atrevida y le decía muy bien y ¿tu? Si éramos profundos.

En la escuela cuando nos encontrábamos de frente en algún pasillo él me sonreía de esa manera tan sensual que él tiene y otras solo hacia el típico moviendo de cabeza entre los adolescente que significaba un ‘hola, ¿Qué tal?’ En esos momentos yo trataba de actuar cool pero él lo era, yo no y solo me salía algo torpe de lo que estoy segura él se reía más tarde.

Hasta que un día luego de muchas cenas. Mi padre y los de él fueron al recibidor a charlar se habían vuelto muy buenos amigos y venían casi todas las semana y algunas veces yo fui a la suya.

Estaba en la cocina lavando los platos. Hasta que escuche los pasos de mi hermano y le dije- pásame los platos que están en el mesón-
Recibí los platos sin darle ninguna mirada. Termine y voltee a decirle si no tenía nada mejor que hacer que invadir mi espacio. Y mis labios formaron una ‘o’ al ver quien estaba allí con una camiseta blanca.

Intente hablar o decir algo inteligente pero mi cerebro había sido drenado.

El soltó una risilla y se acerco seguro. Como el aparenta ser. Rápido. No respire si quiera y sus labios se estrellaron junto a los míos lento y acompasadamente. Mis piernas temblaban y me apoye de la encimera a mi espalda. Y por fin respondí su beso. Mi manos sudaban y no sabía en qué posición colocarlas no era mi primer beso pero él no era un tonto chico con acné, él era Román lo más sexy de todo el instituto y me estaba besando.
Hasta que me deje llevar, me deje de preocupar de por quien era él. Y me preocupe en lo que el significaba para mí y lo que sentía mientras tomaba mi rostro delicadamente, como nunca nadie lo había hecho.

Y el beso termino tan rápido como comenzó.

El se fue y yo no dormí en toda la noche.

Los días siguientes las veces que nos encontrábamos en un pasillo solos él se acercaba y me besaba igual de fugaz como siempre es su presencia, nunca tienes lo suficiente.
Yo misma en algunas ocasiones lo buscaba y esperaba a que el me notara hasta que se acercaba y me besaba presumido de que esa vez yo lo busque, así fue como por dos semanas. Hasta que comenzaron los rumores.

Y en mi cabeza se metió la idea de que él jugaba conmigo.

Un día en otra cena. Yo lo busque le grite, golpee su mejilla, me desahogue. Y luego de todo el me beso de nuevo. No como Román siempre lo hacia con esa ternura y delicadeza inexplicable. No, esta vez fue brusco, fiero y poco amoroso, en aquel instante dijo lo más largo que había dicho nunca:
-¿Quién es Brandon? No respondas, no me importa yo te vi primero y me gustas y vas a ser mi novia.- y volvió a besarme y yo solo me preguntaba ¿quién demonios era Brandon? Y como me dice eso tan importante de esta manera. Y en un arranque de rabia, le dije que no.

Sí, yo tampoco lo creía posible. Pero lo hice y más tarde el dijo públicamente que yo le gustaba. Le dije que no existía ningún Brandon. De nuevo me pregunto que fuera su novia, me dio flores y una caja de chocolates. Era alérgica a las flores y no soporto la lactosa. Acepte ser su novia con unas horribles rosetas en mi piel. Pero el igual me volvió a besar y enloquecí.

De vuelta en mi habitación observe el corazón y mi sonrisa se extendió. El timbre de mi casa sonó. Arregle mi ropa, mi cabello lo deje suelto sonreí al espejo y batí mi melena castaña con gracia. Yo tengo el poder.
Abrí la puerta y el estaba allí. Aun más perfecto que antes y mas irresistible que nunca, pero eso es algo que solo sabemos tu y yo. Veras aprendí que a ellos no hay que subirles mucho el ego.

-Estas hermosa mi Sabrina-

Es obvio que él aprendió a adularme. Tome las solapas de su chaqueta y lo bese de nuevo pausadamente en un día como hoy.