martes, 29 de marzo de 2011

INJURIAS




Estoy ardiendo
Puedo sentirlo
Se que mi cuerpo parece poseído
Se mueve incontrolablemente
Pero no puedo verlo.

Escucho un grito interminable
¡Me esta enloqueciendo!
Esto es el infierno. Morir lentamente, pero realmente no estas muriendo.
Prueba de ello es que sigo aquí, aunque no es como si pudiera escapar o tenga alguna posibilidad de salir.
Estoy condenada.

¡Duele como el infierno!
¡Oh! la Infortuna ironía, las tinieblas... el abismo que no tiene fin.
No obstante, solo mi cuerpo sufre las injurias de mis actos, el dolor que me acosa insaciablemente día y noche; al retornar las memorias de mi pasado.
Aun recuerdo sus ojos, su forma de mirarme y el cálido confort de sus ojos cafe.
¿Escuchaste eso?
Es el acelerado sonido de mi corazón y otro de los miles suspiros que cada cuanto expiran en esta horrible y oscura jaula.
Sí, solo el podía hacerme sentir en casa.

Entonces es cuando por fin comprendo quien grita.
¿Por que lo hice? Espera a que termine la eternidad y solo tal vez lo sepa.
Mientras tanto seguiré muriendo, pero no muriendo.
El era un ángel hermoso y místico. Encantadoramente impactante, yo nunca preste atención en lo mucho que me amaba.

Le falla, rotundamente. Lo utilice, sin consideración. Y por último lo traicione, inevitablemente.
¿Lo amo? Traté con todo mí ser. Pero, jamás fui pura y tampoco lo seré como para concebir y portar algo tan puro como el amor. Sencillo para otros. Imposible para mí.

Una lágrima saldría por mi ojo izquierdo, pero eso tampoco se me permite.
Si bien no puedo amar. Puedo desear. Para esto soy muy buena. Aún la lujuria me invade puedo sentirla en cada célula de mi ser. Irrevocablemente se que él me mira, me asecha como una animal a su presa. Mi carcelero.

¿Les sorprende?
Yo lo tente, casi sonrío. Hipócrita. Orgullosa. Infame., tal cual practique ser.
Soy un demonio.

Mi alma un día no muy lejano, no tan cercano cayó en manos de la 'Estrella'. Imposible pensar su nombre. Imposible olvidarle.
Mi hermoso e iracundo Ángel quiso salvarme. Pobre iluso. Pobre corazón puro. El jugo con fuego, por supuesto. Se quemo.

Entonces, todo cayó tan rápido con la facilidad con la que cae la llama de una vela con un leve soplo del silencio, tan simple como eso, él ya no era el mismo.

Tomo un respiro profundo, hay fuego en mis pulmones. El dolor me enloquece, pero se que es solo mi imaginación. Mañana seguiré aquí. Inalterable.

Seguiré quemándome, pero no muriendo. Y luego el volverá como hace unos instantes. Me castigara en lo que se convirtió. El si quiera es la sombra. Abstracta, es la forma en que lo veo ahora. Me castiga. Me condena. Su mirada. Sus ojos. Su sonrisa. Ya nada es encantador. Es un huevo vació. No tan vació.
El me sigue amando. Pero odio en lo que se convirtió. El odia que odie en lo que se convirtió.
¿Quieres saber un secreto? Aún lo deseo. Incontrolablemente. Enloquecedoramente. Los vellos de mi cuerpo aún se erizan ante el recuerdo de sus caricias.

Estoy ardiendo
Puedo sentirlo
Se que mi cuerpo parece poseído
Se mueve incontrolablemente
Pero no puedo verlo.

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